viernes, 27 de abril de 2012


MANTENIMIENTO Y CONSERVACIÓN.










El piano se debe separar unos cinco centímetros de una pared interior, aunque

sea un piano vertical, ya que si colocamos el piano contra la pared, ésta servirá de

mordaza para la tabla armónica.

Puesto que la práctica totalidad del piano es de madera y los martillos son de

lana, cualquier cambio brusco ambiental puede dañar el mecanismo (ejes y teclas

agarrotadas, martillos que no bajan, pulsación torpe y desigual...) o el sonido (sordo). Es

obvio pues recomendar la máxima distancia posible a toda fuente de frío o calor,

ventanas y puertas exteriores, ya que además la luz directa del sol puede dañar el

mueble (grietas en el barniz, pérdida de color...)

La temperatura y la humedad también deberán ser las adecuadas: no se deben

sobrepasar los 22ºC y la humedad debe situarse entre el 50 y el 70%.



Limpieza.

El teclado y el mueble se pueden limpiar con un paño suave humedecido. El

abandono prolongado de la limpieza interior puede favorecer la aparición de polillas,

por lo que el técnico del instrumento, en el momento de la afinación también deberá

desmontarlo y limpiarlo.



Regulación.

Con el uso normal del piano, se producen pequeños desgastes y desajustes de la

mecánica que deberán ser regulados para un correcto funcionamiento del instrumento.



Afinación.

Cada una de las 230 cuerdas de un piano soporta una tensión de entre 85 y 90

kg. Temperar un piano consiste en dar a cada cuerda la tensión adecuada para que su

altura sonora guarde relación con un sonido patrón establecido: la-440. Con el paso del

tiempo y el uso, las cuerdas pierden la tensión adecuada, por lo que habrá que afinarlo

más o menos cada año, dependiendo de su uso.



Entonación.

Es la adecuación entre volumen y calidad de sonido. El tono del piano viene

determinado por la forma del martillo y la elasticidad del fieltro del que está fabricado.

Por tanto, el proceso para entonar un piano se basa en lograr la correcta forma del

martillo (pulido o lijado) y una adecuada elasticidad del fieltro (pinchando con agujas

en las zonas que lo precisen). Con el paso del tiempo la cuerda produce una huella en la

punta del martillo que de tanto percutir se endurece, haciendo que el sonido se vaya

tornando cada vez más brillante. La entonación, por ello, se llevará a cabo cuando el

sonido sea desagradable y desigual.

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